Life After Life: The Indelible Mark of Organ Donation.
By: Zuleika Cevallos
In the calendar of life, there are dates that mark a before and an after. For some, it is their day of birth; for others, like Jessy Flores, a double transplant recipient, it is the day the generosity of a stranger allowed her to breathe freely again. Within the framework of Organ Donation Month, we connect with the faces behind this cause to understand that, beyond science, donation is the donation is the ultimate act of love one human being can perform for another.

For George Yacoubian, Community Education Manager at the South Florida Donor Network, this process is much more than a medical procedure: “It is an act of immense generosity… We generate hope in people who live counting their days due to terminal illnesses,” he explains.
However, speaking about donation implies acknowledging a moment of profound pain due to the loss of a loved one. The challenge, according to Yacoubian, is to transform that mourning into an opportunity for life for someone else. Despite the myths that circulate — unfounded fears about medical care or erroneous beliefs — the reality is that donation is a highly regulated process supervised by government agencies such as CMS, among others. These organizations follow strict protocols of transparency and ethics to protect both the donor and the recipient.
Donor: A Hero for Many Lives
The figures are as striking as they are hopeful: a single donor can save up to eight lives through vital organs such as the heart, liver, kidneys, or lungs. Furthermore, a donor can improve the quality of life for more than 70 people through the donation of tissues and corneas.
Currently, kidney transplants are the most requested due to the number of diseases affecting renal function. Nearly 80% of people on the waiting list need a kidney. Statistics also show that the Hispanic and African American communities are the most affected, making awareness even more important.
George comments that “every person can be a donor and anyone can register, but unfortunately, only about 1% of those who pass away in hospitals meet the medical conditions to donate”. Additionally, it is key for the family to know the decision, because their approval remains a determining factor. “Even if the deceased person is in the donor registry, if the family does not agree, we have to close the case,” emphasizes Yacoubian. “We always consider the donor and their family as eternal heroes when we see their recipient recover after a donation”.
Jessy: The Testimony of a Double Miracle

Theory comes to life in the voice of Jessy Flores. Twenty-four years ago, Jessy’s life hung by a thread until she received a kidney and pancreas transplant. Her donor was a boy just 10 years old with a total match. “Thanks to him, I am alive,” she confesses with an emotion that time has not erased.
Life for a patient waiting for a donation is a rollercoaster of fragility. Jessy explains that “for the person who needs a donation, life is complicated because they are subject to constant monitoring since you never know when the donor will arrive. And a simple cold can snatch away the opportunity for a surgery expected for years”.
For Jessy, the transplant was not just health; it was the possibility of creating life. She made history by becoming the first woman in the United States with a double transplant to give birth to two children.
“My pregnancies were high-risk and my children were born premature at 27 weeks of gestation,” she relates. “My first pregnancy was unexpected. I thought my symptoms were due to anemia or transplant complications… When the doctor called me after my test results, I was already almost three months pregnant. It was a moment of great emotion and also uncertainty. Currently, my children are healthy and are my greatest blessing”.
Her story is a reminder that a transplant involves discipline. Jessy must take immunosuppressive medications every day to prevent rejection. It is a lifelong commitment, but one that is well worth it, because each pill is a daily thank you for the opportunity to be with her family and watch her children grow.
A Call to the Community
George Yacoubian’s invitation to the community is clear and forceful: “Talk about the Organ Donation, get informed without fear, and make a conscious decision. Today you are on the side of the donor; tomorrow you don’t know if you are going to need one of them”.
For Jessy, the conclusion is simple but profound: “To donate is to give life; I am proof of that”.
The donation of organs remains an urgent necessity.
Today, each of us has the possibility to decide what legacy we want to leave. Getting informed, talking with family, and registering as a donor can mark the difference between a life that fades out and many that continue. Because at the end of the day, true “life after life”… begins with a decision.
Vida después de la vida:
La huella imborrable de la donación de órganos
Por: Zuleika Cevallos
En el calendario de la vida, existen fechas que marcan un antes y un después. Para algunos, es el día de su nacimiento; para otros, como Jessy Flores, receptora de un doble trasplante, es el día en que la generosidad de un extraño le permitió volver a respirar con libertad.
En el marco del Mes de la Donación de Órganos, nos acercamos a los rostros detrás de esta causa para entender que, más allá de la ciencia, la donación es el acto de amor más sublime que un ser humano puede realizar por otro.

Para George Yacoubian, gerente de Educación Comunitaria del South Florida Donor Network, este proceso es mucho más que un trámite médico: “Es un acto de generosidad inmenso… Generamos esperanza en personas que viven contando sus días debido a enfermedades terminales”, explica.
Sin embargo, hablar de donación implica reconocer un momento de profundo dolor por la pérdida de un ser querido. El reto, según Yacoubian, es transformar ese luto en una oportunidad de vida para alguien más.
Hay mucha desinformación con respecto al tema. A pesar de los mitos que circulan — miedos infundados sobre la atención médica o creencias erróneas —, la realidad es que la donación es un proceso altamente regulado y supervisado por organismos gubernamentales como CMS entre otros, en el que siguen protocolos estrictos de transparencia y ética, para proteger tanto al donante como al receptor.
Donante: Un héroe para muchas vidas
Las cifras son tan impactantes como esperanzadoras: un solo donante puede salvar hasta ocho vidas a través de órganos vitales, como corazón, hígado, riñones o pulmones. Un donador puede mejorar la calidad de vida a más de 70 personas mediante la donación de tejidos y córneas.
Actualmente, los trasplantes de riñón son los más requeridos por la cantidad de enfermedades que afectan el funcionamiento renal. Cerca del 80% de las personas en lista de espera necesitan uno riñón. Las cifras también demuestran que las comunidades hispana y afroamericana son las más afectadas, lo que hace aún más importante la concientización.
George comenta que “toda persona puede ser donante y cualquiera puede registrarse, pero lamentablemente, solo alrededor del 1% de quienes fallecen en hospitales cumplen con las condiciones médicas para donar”.
Además, es clave que la familia conozca la decisión, porque su aprobación sigue siendo determinante. “Aunque la persona fallecida esté en el registro de donantes, si la familia no está de acuerdo, tenemos que cerrar el caso”, enfatiza George Yacoubian.
“Siempre consideramos al donante y a su familia como un héroe eterno cuando vemos a su receptor recuperarse luego de una donación”.
Jessy: El testimonio de un doble milagro

La teoría cobra vida en la voz de Jessy Flores. Hace 24 años, la vida de Jessy dependía de un hilo hasta que recibió un trasplante de riñón y páncreas. Su donante fue un niño de apenas 10 años con una compatibilidad total. “Gracias a él, estoy viva”, confiesa con una emoción que el tiempo no ha borrado.
La vida del paciente en espera de una donación es una montaña rusa de fragilidad; Jessy explica que, “para la persona que necesita una donación, su vida es complicada pues está sometido a constante control porque nunca se sabe cuándo va a llegar el donante. Y un simple resfriado puede arrebatar la oportunidad de una cirugía esperada por años”.
Para Jessy, el trasplante no solo fue salud, fue la posibilidad de crear vida. Ella hizo historia al convertirse en la primera mujer en Estados Unidos con doble trasplante en dar a luz a dos hijos.
“Mis embarazos fueron de alto riesgo y mis hijos nacieron prematuros a las 27 semanas de gestación. Mi primer embarazo fue inesperado. Pensaba que mis síntomas eran por anemia o complicaciones del trasplante… Cuando el médico me llamó, después del resultado de mis exámenes, ya tenía casi tres meses de embarazo. Fue un momento de mucha emoción y también de incertidumbre. Actualmente mis hijos están sanos y son mi mayor bendición”, relata Jessy.
Su historia es el recordatorio de que un trasplante implica disciplina. Jessy debe tomar medicamentos inmunosupresores todos los días para evitar el rechazo. Es un compromiso de por vida, pero que bien vale la pena, porque cada pastilla es un agradecimiento diario por la oportunidad de estar con su familia y ver crecer a sus hijos.
Un llamado a la comunidad
La invitación de George Yacoubian es clara y contundente para la comunidad. “Hablar del tema, informarse sin miedos y tomar una decisión consciente. ” Hoy estás del lado del donante, mañana no sabes si vas a necesitar de uno de ellos”, reflexiona.
Para Jessy, la conclusión es simple pero profunda: “Donar es dar vida, yo soy prueba de ello”. La donación de órganos sigue siendo una necesidad urgente.
Hoy, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de decidir qué legado quiere dejar. Informarse, conversar en familia y registrarse como donante puede marcar la diferencia entre una vida que se apaga y muchas que continúan. Porque al final del día, la verdadera “vida después de la vida”… empieza con una decisión.
