Possible Impact of Venezuela’s Reopening on the US Economy
By: Maria Alejandra Pulgar
The reopening of Venezuela after years of isolation represents a paradigm shift for the region and, especially, for the United States. Beyond the traditional view of “Venezuela equals oil,” economists Iván Jiménez and Francisco Acosta Fragachán propose a scenario where strategic resources, industrial compatibility, and financial restructuring will dictate the pace of this new economic relationship.
Beyond Crude Oil: The Technological and Mining Factor
For Iván Jiménez, Venezuela’s value to the US economy in 2026 transcends hydrocarbons. The current world, driven by artificial intelligence and the energy transition, depends on resources that China currently controls 90%.
“The most valuable resource for the world, for technology, for the demands of global development, isn’t even oil; it’s the rare metals that Venezuela possesses.”

These minerals are critical components for microchips, smartphones, electric cars, and drones. Reopening the border would allow the U.S. to access a nearby source of “high-end and highly useful” materials, positioning Venezuela as a key player in U.S. technological security.
Oil: Strategic Compatibility and Refining Costs
Even considering the importance of Venezuela’s metal and mineral deposits, oil remains the product that most strongly connects potential economic interactions between the two nations. Francisco Acosta Fragachán highlights a crucial point for U.S. industry: refining infrastructure.
Acosta Fragachán comments that the U.S. refining model “is designed for oil with an API gravity of less than 30 degrees (heavy oil), which is precisely the type of crude that Venezuela possesses.”
“Changing the refining model in the United States is extremely expensive; it’s better to refine Venezuelan heavy oil.” Consequently, the costs of transforming the plant infrastructure would be minimal. Securing access to these reserves allows the U.S. to maintain control over the world’s largest reserves, optimizing its existing facilities without massive investments in technical reconfiguration.
Capital Injection: Who’s Putting Up the $100 Billion?
A determining factor in this new chapter is the magnitude of the investment needed to modernize, repair, and reactivate the Venezuelan oil industry. Acosta Fragachán mentioned President Trump’s recent announcement regarding a meeting with private oil companies to assess the possibility of directing a $100 billion investment to Venezuela.
This figure represents a massive capital inflow that will not only benefit local production but will also boost the U.S. oilfield services and financial companies involved in the process.

At the January 9th meeting, caution was observed on the part of the oil companies involved; it is expected that it will only be a matter of time before the political and financial conditions in Venezuela stabilize, allowing the reactivation and modernization process of the oil industry to begin.
Financial Restructuring and Growth
Reopening not only involves extracting resources but also normalizing financial relations. Ivan Jimenez points out that this process will require at least “10 years of debt repayment [and] debt restructuring.” For US markets, this opens a window to resolve pending litigation, such as lawsuits against companies like ConocoPhillips, and to reactivate sovereign debt issuance.
A Future of Strategic Control
If the conditions of natural resources are combined with the return of human talent, Jimenez projects that we could be facing “the prelude to what could have been the greatest economic growth in the history of humanity.”
For the US economy, the ultimate impact of Venezuela’s reopening will lie in strategic control: ensuring energy compatible with its current infrastructure and guaranteeing the critical minerals that will fuel the technology of the future.
But to extract, process, and export these products, Venezuela needs its most important asset: skilled human resources. To achieve this, social, political, and economic conditions must stabilize and be conducive to the country’s well-being. It will depend on the goodwill and actions of all stakeholders to ensure that these transitions occur swiftly and peacefully, in order to obtain the economic results that will attract and retain the investors who will contribute to rebuilding the country.

Posible Impacto de la Reapertura Venezolana en la Economía de USA
Por: Maria Alejandra Pulgar
La reapertura de Venezuela tras años de aislamiento representa un cambio de paradigma para la región y, muy especialmente, para los Estados Unidos. Más allá de la visión tradicional de “Venezuela igual a petróleo”, los economistas Iván Jiménez y Francisco Acosta Fragachán plantean un escenario donde los recursos estratégicos, la compatibilidad industrial y la reestructuración financiera dictarán el ritmo de este nuevo vínculo económico.
Más allá del Crudo: El Factor Tecnológico y Minero
Para Iván Jiménez, el valor de Venezuela para la economía estadounidense en 2026 trasciende los hidrocarburos. El mundo actual, impulsado por la inteligencia artificial y la transición energética, depende de recursos que hoy China domina en un 90%.
“El recurso de mayor valor para el mundo, para la tecnología, las exigencias de desarrollo mundial ni siquiera es el petróleo son los metales raros que tiene Venezuela”.
Estos minerales son componentes críticos para microchips, teléfonos inteligentes, automóviles eléctricos y drones. La reapertura permitiría a EE. UU. acceder a una fuente cercana de materiales de “alta gama y de alta utilidad”, posicionando a Venezuela como una pieza clave en la seguridad tecnológica norteamericana.
Petróleo: Compatibilidad Estratégica y Costos de Refinación

Aun considerando la relevancia de los yacimientos de metales y minerales en Venezuela, el petróleo continúa siendo el producto que más conecta las posibles interacciones económicas entre ambas naciones. Francisco Acosta Fragachán destaca un punto crucial para la industria estadounidense: la infraestructura de refinación.
Comenta Acosta Fragachán que el patrón de refinación norteamericano “está diseñado para petróleo de menos de 30 grados API (petróleo pesado), que es precisamente el tipo de crudo que posee Venezuela”.
“Cambiar el patrón de refinación en Estados Unidos es carísimo, mejor es refinar petróleo pesado venezolano” en consecuencia, los costos de transformación de la infraestructura de planta serían lo mínimo. Asegurar el acceso a estas reservas permite a EE. UU. mantener una posición de control sobre las mayores reservas del mundo, optimizando sus plantas actuales sin inversiones masivas en reconfiguración técnica.
Inyección de Capital: ¿Quien Pone Los $100.000 Millones?
Un factor determinante en este nuevo capítulo es la magnitud de la inversión necesaria para actualizar, reparar y reactivar la industria petrolera venezolana. Acosta Fragachán mencionó el anuncio reciente del presidente Trump sobre la reunión con las compañías petroleras privadas para evaluar la posibilidad de dirigir una inversión de $100.000 millones hacia Venezuela.
Esta cifra, representa un flujo de capital masivo que no solo beneficiará la producción local, sino que dinamizará a las empresas de servicios petroleros y financieras estadounidenses involucradas en el proceso.
En la reunión del 9 de enero se observó cautela por parte de las empresas petroleras involucradas; se espera que sea cuestión de tiempo para que se asienten las condiciones políticas y financieras en Venezuela que permitan arrancar el proceso de reactivación y actualización de la industria petrolera.
Reestructuración Financiera y Crecimiento

La reapertura no solo implica extraer recursos, sino también normalizar las relaciones financieras. Ivan Jimenez señala que este proceso requerirá al menos “10 años de repago de deuda [y] reestructuración de deuda”. Para los mercados estadounidenses, esto abre una ventana para liberar litigios pendientes, como los juicios de empresas como Conoco/Phillips, y reactivar la emisión de deuda soberana.
Un Futuro de Control Estratégico
Si se logran combinar las condiciones de recursos naturales con el retorno del talento humano, Jiménez proyecta que podríamos estar ante la “antesala de lo que podría haber sido el crecimiento económico más grande de la historia de la humanidad”.
Para la economía estadounidense, el impacto final de la reapertura venezolana radicará en el control estratégico: asegurar energía compatible con su infraestructura actual y garantizar los minerales críticos que alimentarán la tecnología del futuro.
Pero para extraer, procesar y exportar esos productos, Venezuela necesita el activo mas importante: el recurso humano calificado. Y para disponer de ello las condiciones sociales, políticas y económicas tienen que estabilizarse y ser conducentes al bienestar del país. Dependerá de la buena voluntad y acciones de todos los actores involucrados lograr que las transiciones sucedan expeditas y en paz, para obtener los resultados económicos que atraigan y conserven a los inversionistas que contribuirán a reconstruir el país.
