Fake News: ¿Cómo enfrentar el auge de la desinformación en el mundo?

Por: Jesús A. Fuenmayor

 

En la era digital, la desinformación o fake news se propaga más rápido que un virus, convirtiéndose en un problema global capaz de afectar desde la política hasta la salud pública. Las noticias falsas erosionan la confianza, socavan estructuras como la ciencia y ponen en riesgo vidas. En este escenario cabe la pregunta: ¿cómo contrarrestar esta marea?  

Primero, debemos considerar que su propagación es rápida y masiva, gracias a las redes sociales y a la falta de verificación por parte de muchos usuarios. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts revela que las noticias falsas se comparten un 70% más que las veraces en redes sociales, evidenciando vulnerabilidades en los ecosistemas informativos.

A esta realidad se suma que por la simplicidad de la información y por la ansiedad de generar contenido constante, por figuras como los influencers, el equilibrio entre noticias falsas versus noticias reales está desfasado y en favor de los fake.

La complejidad del problema se acentúa debido a que la producción de fake news transmutó de ser un delito, a una práctica cotidiana, camuflada dentro de la llamada democratización de la información. Esta falsa estructura, a su vez, cobra fuerza por la necesidad arrolladora del público receptor de estar envuelto en un torbellino de información o de noticias. En otros términos, es simple: la demanda es lo que refuerza esta mala praxis comunicacional.

 

Emociones vs. Evidencias

Son diversas las teorías sociales y psicológicas que sugieren que uno de los principios del conflicto ocurre entre las emociones y la evidencia, y en ese terreno es importante destacar que la desinformación triunfa porque apela a emociones y sesgos cognitivos.

Es por ello que factores sociales, como la ciencia con su lenguaje complejo y matices, luchan por competir, y en muchos de los casos pierden la batalla y de manera desmedida. Un ejemplo muy claro lo vivimos en la pandemia, allí la desinformación y proliferación de noticias falsas crearon un panorama tan adverso que, incluso, me atrevería a pensar que fue lo que alargó y complicó la situación. 

Por esta razón, es imperioso generar un esquema que funcione como escudo y nos permita contrarrestar o contener esta realidad. Sabemos que es complicado acabar con esta práctica informativa, pero el avance ha sido tan acelerado y desaforado, que ya nos resulta un poco más sencillo detectar las fake news y esto representa un gran avance.

Fake News:  ¿Cómo enfrentar el auge de la desinformación en el mundo?

Hoja de ruta para superar noticias falsas

La estrategia u hoja de ruta no es tan complicada, incluso podría decirse que es un manual ya establecido. Los pasos son sencillos y el resultado es bastante favorable:

  1. Verificar antes de compartir: antes de difundir una noticia, es crucial confirmar su veracidad.
  2. Analizar la fuente: no todas las páginas tienen el mismo rigor periodístico. Medios reconocidos suelen seguir códigos éticos, mientras que sitios sensacionalistas o desconocidos pueden priorizar el click sobre la verdad. Hay que identificar la diferencia.
  3. Desarrollar pensamiento crítico: las fake news suelen apelar a emociones como el miedo o la indignación. Pregúntate: ¿tiene lógica esta información? ¿Quién se beneficia de su difusión? Cuestionar lo que leemos nos ayuda a no caer en manipulaciones.
  4. 4. Educar a nuestro entorno: explicarles cómo identificar noticias falsas y animarlos a consultar fuentes oficiales puede marcar la diferencia. Las fake news no desaparecerán, pero con responsabilidad individual y colectiva podemos reducir su impacto. La información es poder, y en nuestras manos está usarla con criterio.

 

Desafío ético

Esta lucha nos pone en terrenos complejos, donde incluso se anteponen valores como la ética, y por ello podemos llegar a preguntarnos si combatir las fake news puede llegar a representar una especie de censura.

Vemos a diario como organizaciones de toda índole reclaman a gritos mayor libertad y eso está bien, pero a qué costo.

Desde mi perspectiva, considero que es totalmente válido proteger el derecho a la información verificada, ya que, más que convertirse en una barrera informativa, representa la única vía posible, como ciudadanos, para exigir rigor y responsabilidad en la agitada y globalizada esfera comunicacional. 

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