La Vacuna de la duda!

Entre los incrédulos y los adeptos de la vacuna del coronavirus

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

En marzo del 2020 la vida cambió en casi todos los países del mundo cuando la enfermedad por el coronavirus fue declarada por la OMS como una pandemia global. Desde entonces, tres preguntas siguen en el aire: ¿Cuándo saldrá la vacuna?, ¿es la mejor opción que tenemos? Y ¿estamos dispuestos a vacunarnos?

Responder estas preguntas no es fácil para nadie sin importar en qué lado del espectro nos encontremos; científicos, padres de familia, sobrevivientes del coronavirus o familiares de víctimas. Todos somos parte del problema y de la solución.

Pero, es difícil saber qué posición tomar frente a la vacuna cuando somos bombardeados a diario por noticias alusivas al tema, muchas de las cuales confunden y dividen a un público ya abrumado por la educación escolar, el desempleo o la crisis económica.

Y es que pareciera que no hay consenso en esos comentarios con los que nos encontramos a diario, tal como lo reveló una encuesta nacional de Gallup publicada a principios de agosto.

De acuerdo con ésta, más de un tercio de los estadounidenses no se pondría la vacuna del COVID-19 en este momento aunque fuera gratis y estuviera aprobada por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés).

Tampoco hay consenso entre líderes políticos y la comunidad científica, aunque persigan el mismo sueño de acabar con un virus que a la fecha de cierre de esta edición registraba más de 24 millones de casos en todo el mundo.

No hubo un punto de encuentro cuando, por ejemplo, Rusia le anunció al mundo que había sacado la primera vacuna contra el COVID-19 a principios de agosto. Pese a que el mandatario reveló que había vacunado a su hija, la Organización Mundial de la Salud manifestó tener dudas frente a la eficacia de la misma porque se había saltado la fase 3.

Esta vacuna no es la única que estaba en curso, pues en el mundo hay cientos de vacunas que están en pruebas clínicas en fases diferentes, destacándose la de la Universidad de Oxford y AstraZeneca y varias de China.

A nivel local, el gobierno ha proporcionado fondos a diversas compañías que buscan desarrollarla como Novavax, Pfizer, Johnson & Johnson, AstraZeneca y Moderna y se espera que para enero del 2021 se entreguen 300 millones de dosis de una vacuna segura y efectiva.

En el caso de Moderna, la compañía anunció en julio 27 que estaba entrando a su fase 3 de pruebas clínicas en las cuales está participando el Miami Miller School of Medicine de la Universidad de Miami.

Ante este panorama, existen argumentos tanto a favor como en contra de la vacuna y son los ciudadanos quienes al final decidirán si se la ponen o no. Por esta razón, hablamos con varios de ellos para conocer su postura.

Es preciso señalar que la mayoría de las personas que abordamos, se mostraron renuentes o se negaron a expresar su opinión por miedo a exponerse en redes sociales y ser blanco de ataques, lo cual habla del clima tenso y conflictivo que se vive en la actualidad.

Efectos secundarios y responsabilidad social

El principal argumento que presentan quienes se oponen a la vacuna tiene que ver con sus efectos. En un sondeo realizado por este medio en redes sociales, en el que se registraron más de 300 comentarios, de los cuales la gran mayoría iban en contra de ponerse la vacuna, muchos manifestaron desconfianza hacia los laboratorios farmacéuticos por considerar que no han tenido tiempo de estudiar sus consecuencias.

Dra. María Alcaide

“No me vacunaré contra el coronavirus porque no confío en la rapidez con la que se están haciendo las investigaciones”, dice un usuario. “Hay vacunas que se demoran estudiando entre 5 y 10 años sin ser aprobadas”, comenta.

Alexandra Bodkin, quien es agente de seguros y vive en el condado de Miami-Dade, está de acuerdo con esta postura y asegura que no se pondrá la vacuna porque duda mucho de su seguridad. “Algunas vacunas tienen elementos que son nocivos para la salud como el mercurio y el aluminio y los laboratorios no se hacen responsables del daño que esto pueda causar”, añade.

Su desconfianza comenzó en el 2008 cuando se puso la vacuna contra la gripe y una semana después le empezó el peor resfriado que ha tenido en su vida que terminó en neumonía. Luego, decidió no vacunar a su hija de lo mismo y curiosamente fue la única de su clase que no se enfermó de gripe.

Fidelio Simé, por su parte, aunque jamás ha experimentado los efectos de una vacuna, cree que las empresas están en una carrera por quien saca la vacuna del COVID-19 primero sin de verdad analizar las repercusiones que podría tener.

“Aparte de buscar la cura, persiguen un fin económico porque aquellas que están en proceso de desarrollarla pueden subir el precio de sus acciones en el mercado de valores y ganar mucho más que con solo la venta de la vacuna”, asegura.

Además, piensa que también hay un interés político porque el país que lance primero la vacuna tendrá la delantera y podrá ponerla más rápido en circulación. “No quiero ser parte de un experimento porque no tengo certeza de que se sigan todos los procedimientos para proteger nuestra salud”, comenta.

Pero frente a estos argumentos, algunas personas aseguran que la clave está en informarse bien. Juan Rutilo, periodista y agente de bienes raíces, es uno de ellos. Seguro de que se pondrá la vacuna cuando esté disponible, comenta que es responsabilidad de cada quien investigar exhaustivamente antes de tomar una decisión.

“Yo me pondría la vacuna si siento que ha sido lo suficientemente probada para conocer sus posibles efectos. Investigaría de qué laboratorio viene, qué resultados ha arrojado, su margen de efectividad y monitorearía los estudios que salieran posteriormente luego de ser lanzada al mercado”, comenta.

María Daniela Silva, internista y geriatra con estudios en nutrición, quien piensa ponerse la vacuna, asegura que la desinformación le está haciendo mucho daño a la población. “Estamos en una era en la que todo el mundo se cree experto por leer un par de artículos en Internet y eso no es así. Por eso, muchas personas le atribuyen a las vacunas una serie de efectos adversos que no están documentados”, dice.

Por eso, considera que antes de tomar una decisión sobre la vacuna hay que evaluar los laboratorios que las ofrecen. “Moderna y AstraZeneca están publicando en journals médicos de alta reputación todo el proceso de desarrollo y producción de sus vacunas. Entiendo que exista desconfianza hacia algunas farmacéuticas que solo quieren lucrarse, pero no creo que este sea el caso”, afirma.

Dr. José Antonio Cisneros

Al respecto, el doctor José Antonio Cisneros, consultor en proyectos de investigación clínica y especialista en sistemas de salud, asegura que precisamente por el factor riesgo es que se hacen pruebas en cientos de miles de personas antes de lanzar una vacuna.

“La mayoría de las vacunas tienen una efectividad de alrededor del 60 y el 70 por ciento. Claro que hay un riesgo y se puede presentar malestar, irritación, fiebre o urticaria, pero no conozco a nadie que haya muerto por reacción a una vacuna”, explica.

Esto significa que 7 de cada 10 personas vacunadas no van a desarrollar la enfermedad, pero 3 si. “Se espera que de esas 3 que tengan la enfermedad, no la tengan de una forma tan severa”, concluye.

Sobre el tema, la Dra. María Alcaide, profesora de enfermedades infecciosas del Miller School of Medicine de la Universidad de Miami e investigadora de los ensayos clínicos que adelanta la universidad sobre las vacunas del COVID-19, asegura que aunque es cierto que la mayoría de las vacunas tardan mucho más tiempo en fabricarse, urge mitigar el daño que está haciendo el coronavirus en este momento.

“La pandemia está avanzando rápidamente, la economía y los hospitales están colapsando y un gran número de personas están muriendo en todo el mundo. Entonces, intentar hacer el proceso normal y esperar muchos años, solo causaría un daño más grande. A lo largo de la historia, nada ha salvado más vidas que las vacunas”, explica.

El Dr. Cisneros comparte una opinión similar, pues considera que una pandemia de esta magnitud solo podría pararse con una vacuna. “Es absurdo no vacunarse porque todo el mundo tarde o temprano se va a contagiar que es lo mismo que autovacunarse”, dice.

Natalia Ribero, quien trabaja en el área de tesorería de un banco, asegura que prefiere lidiar con cualquier posible efecto secundario que seguir con el miedo constante de enfermarse.

Su miedo está justificado. Antes solía pensar que el coronavirus era algo ajeno a ella hasta que la enfermedad tocó las puertas de su casa cuando tres familiares se contagiaron, de los cuales dos fallecieron.

“Una vez pasó eso, tu realidad con respecto al coronavirus cambia. Me entró una angustia terrible porque me daba pánico pensar que le podía pasar a alguien como mi hija. Siento que es una responsabilidad social ponerse la vacuna porque no se trata solo de ti, sino de otros que puedan ser más vulnerables”, puntualiza.

Tampoco cree que la excusa de ‘no me la pongo porque no tengo condiciones preexistentes y soy joven’ sea válida. “Mi tío se murió en cuestión de tres semanas y todos pensábamos que era el más sano. Pero cuando estaba en el hospital, descubrimos que tenía el azúcar alto. Tú puedes creer que estás sano y resultar que no. Nadie es inmune a esta enfermedad”, advierte.

 

 

 

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