Las redes sociales: ¿Aliadas o enemigas?

 

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

DORAL, FL – Desde que se crearon las redes sociales, han venido creciendo exponencialmente hasta convertirse en una plataforma esencial de negocios, entretenimiento y socialización. Tanto es así que de acuerdo con cifras de Ad Espresso, a junio de 2018 tan solo en Instragram se registraron cerca de mil millones de usuarios activos mensuales y cerca de 500 millones de usuarios activos diarios.

El poder e influencia de las redes sociales en la vida de las personas se hizo muy evidente el pasado 13 de marzo cuando durante gran parte del día se cayeron de forma simultánea Instagram, Facebook y WhatsApp generando una gran preocupación en los usuarios que, tras establecerse el servicio, publicaron masivamente memes y mensajes alusivos al tema.

Como era de esperarse, un día después Facebook explicó a través de su cuenta de Twitter que se trató de un cambio en la configuración de un servidor. Sin embargo, los usuarios no perdonaron el error y los medios calificaron el suceso como “una de las peores caídas de la historia”.

Ante este suceso, nos preguntamos qué tan positivo es el uso que le damos a las redes sociales y si es bueno o no que se hayan convertido en la vía principal para comunicarnos, más aún si se tiene en cuenta que en los últimos años se han presentado algunos problemas asociados a un uso incorrecto de ellas como, por ejemplo, disminución de la productividad laboral, ansiedad y soledad, entre otros.

Al respecto, los expertos en marketing digital y redes sociales coinciden en afirmar que por sí mismas no tienen una connotación negativa, pues se crearon con el fin de conectar a personas que tienen intereses en común, unir a familiares y amigos y ser una vitrina de información sobre diferentes temas.

“Las redes nos permiten expandir ideas de crecimiento personal y de negocios, ampliar la red de contactos, captar clientes, impulsar ventas, promover emprendimientos o levantar cualquier estrategia de posicionamiento”, asegura Lorelein Gonzalez, consultora de marcas personales y experta en marketing.

Además, a través de ellas es posible elegir lo que se quiere ver. “Funcionan por medio de un algoritmo que va filtrando el contenido que se muestra de acuerdo a los ‘likes’, búsquedas, comentarios o la información compartida por cada usuario para mostrarle información de su interés de diferentes marcas o productos”, explica Johana Arocha, licenciada en informática, blogger y asesora en e-commerce y social media.

Esta dinámica supone una ventaja competitiva para las empresas porque les permite realizar campañas de marketing dirigidas a un nicho más específico, mientras los usuarios reciben contenido personalizado cada vez que ingresan a sus cuentas.

Pese a que las redes ofrecen tantas posibilidades, su lado negativo lo perciben quienes pasan un número considerable de horas al día en ellas sin control, no tienen límites a la hora de compartir información personal o se vuelven adictas a consumir contenido.

De acuerdo con Ronaldo García, coach de marketing digital y profesor de redes sociales de Miami Marketing School, este desequilibrio se presenta principalmente en menores de 45 años.

“Según las últimas estadísticas, las personas que están entre 35 y 40 años son las más activas en estas plataformas y, en general, en los teléfonos inteligentes, mientras los mayores de 45 años no”, afirma.

 

La raíz del problema

De acuerdo con Martha Maduro, Directora del Centro ‘On the Path Again Counseling Center’, terapeuta familiar y de pareja, según investigaciones recientes el uso desmedido de las redes se ha dado por la soledad y el egocentrismo que existen en la sociedad actual.

“Las personas que no consiguen lo que buscan en la vida real, lo buscan en las redes sociales cuando, por ejemplo, suben una foto, reciben muchos ‘likes’ y así empiezan a necesitar cada vez más atención volviéndose adictos a ella”, dice.

De acuerdo con la especialista, el gran problema de esto es que cada vez se limita más la comunicación humana porque se está perdiendo la capacidad de conectar con otros integrando todos los sentidos.

“No se puede reemplazar completamente la comunicación personal”, comenta Maduro. Esta va acompañada, por ejemplo, de gestos, miradas, un abrazo o una sonrisa que, en conjunto, envían un mensaje claro y no distorsionado como ocurre, en ocasiones, en los entornos digitales.

Una opinión similar comparte Lorelein Gonzalez, quien asegura que las personas usan desmedidamente las redes sociales cuando buscan un reconocimiento externo antes de fortalecerse como personas o profesionales.

Por su parte, para Ronaldo García el problema radica en los teléfonos inteligentes porque en ellos las personas pueden acceder no solo a las redes sociales, sino escuchar música, ver videos, programar citas, pagar cuentas, tomar fotos y ver noticias, entre otras facilidades.

“Antes cuando queríamos ver televisión, teníamos que estar en la casa, si queríamos jugar necesitábamos una consola de video juegos, si queríamos escuchar música, un equipo de sonido. Ahora todo está integrado en el celular que lo podemos llevar a todas partes”, asegura García.

Esto, de acuerdo con el experto, ayuda a generar adicción porque el celular se ha convertido en una herramienta indispensable que genera contenido constantemente, siendo las redes los mayores productores de contenido.

¿Pero qué comportamientos podrían indicar un uso incorrecto de las redes sociales o  una adicción a consumir contenido? De acuerdo con García, pasar demasiadas horas al día conectados, publicar únicamente fotos o contenido de sí mismo y crear perfiles falsos para atacar a otras personas o cometer delitos.

Por su parte, Martha Maduro considera señales de alarma la falta de atención, la incapacidad para seguir instrucciones, fallas en la memoria a largo plazo, aislamiento y baja autoestima.

Sin embargo, los verdaderos efectos del uso excesivo de las redes sociales se verán a largo plazo probablemente cuando pase toda una generación aproximadamente en unos 10 a 15 años. Mientras tanto, se pueden seguir algunas recomendaciones claves para ayudar a generar comportamientos equilibrados.

Las reglas del juego

En primer lugar, hay que tener claro que todo lo que se hace en redes sociales genera una huella digital imborrable, es decir, queda almacenado en los buscadores y en Internet. “Esto sucede incluso si alguien publica muy poco porque igual realiza ‘likes’, genera búsquedas y comparte información”, aclara Johana Arocha.

Por eso, es clave tener conciencia de lo que se publica y no divulgar datos privados como teléfono o dirección o contenido comprometedor. “Evitemos ponernos en situaciones de riesgo como ganarnos a un acosador, especialmente los menores de edad que no entienden la magnitud de sus acciones”, sugiere García.

En este orden de ideas, otra recomendación es ejercer control sobre las redes sociales cuando se tengan hijos menores de 18 años debido a que actualmente están empleándolas pese a que los términos y condiciones de éstas restringen su uso en esta población.

Es importante saber qué hacen nuestros hijos en los celulares, pues recientemente ha ido creciendo la cantidad de información que envían los menores de edad por medio de estos dispositivos”, advierte García, quien explica que las redes sociales no fueron diseñadas para ellos y, aún así, hay poco control sobre lo que consumen allí.

Una opción para solucionar este problema es acudir a los proveedores de telefonía celular, pues algunos ofrecen la posibilidad de restringir el acceso a redes sociales. Sin embargo, Ronaldo García aconseja poner unas reglas claras en casa como administrar los perfiles de los hijos o dejar usar únicamente las que empleen los padres.

Por otra parte, es importante controlar el tiempo. Para eso existen aplicaciones para el celular y el computador, como FocusMe, que permiten limitar el número de horas de exposición a redes sociales. Incluso, algunos celulares como el iPhone, en sus últimas versiones, traen incorporada la función ‘tiempo en pantalla’ en su configuración, a través de la cual se puede seleccionar cada red y el tiempo máximo para cada una.

“Cuando alguien nota que no es muy productivo por destinar mucho tiempo a ellas, conviene emplear este tipo de estrategias primero para comprobar en cuál está pasando más horas del día y segundo para gradualmente ir reduciendo el tiempo”, sostiene Johana Arocha.

Al respecto, Ronaldo García dice que este punto es importante sobre todo en el ambiente laboral. “Si estás en un trabajo chequeando tus redes sociales, de alguna manera estás faltándole a tu empleador porque no te pagan para eso”, comenta.

Por eso, luego de comprobar en cuál red social se pasa más tiempo, póngase pequeñas metas para bajar el consumo. “Si alguien está 7 horas a la semana en una red, son 7 horas de improductividad”, invita a reflexionar Ronaldo.

Martha Maduro aconseja, además de limitar el número de horas, programarse para no consultar las redes a ciertas horas del día como, por ejemplo, al levantarse, durante una reunión de amigos o familiar o en el trabajo.

La terapeuta sugiere también utilizar las redes para lo que fueron creadas, es decir, para propiciar un primer contacto con alguien y luego trasladarlo a un encuentro personal. “Que la comunicación no se quede en un chat o un muro. Si le hablas a alguien por ahí, invítalo a un café o acuerda una entrevista”, afirma.

Por otra parte, Johana Arocha propone cargar los celulares fuera de la habitación para evitar revisarlo antes de dormir y, de esta manera, activar el cerebro cuando debe estar en su momento más relajado. “No tenerlo a la mano, ayuda a generar momentos de desconexión para frenar esa adicción”, dice.

También recomienda recordar que se trata de un mundo virtual y no real, por lo cual no es sano participar en discusiones sin sentido por redes sociales, generar polémica o tomarse demasiado en serio los comentarios negativos.

Por último, Lorelein Gonzalez sugiere ser sabios y estratégicos a la hora de consumir contenido. “Las posibilidades van a venir en función de lo que yo decida que quiero lograr con ellas. Cuando tenemos esto claro, comenzamos a hacer un uso correcto y positivo”, concluye.

 

 

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