Tiroteos en Miami-Dade: ¿Fuera de control?

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

Este año, los residentes de Miami-Dade han visto con preocupación la misma escena repetirse una y otra vez: Un individuo se baja de un vehículo, dispara hacia un lugar sin importar quién esté presente y sigue su camino causando el mayor daño posible. Esta modalidad de tiroteo, que es la más común, ha prendido las alarmas en la comunidad que ahora se cuestiona si el problema está o no fuera de control.

“Cuando los tiroteos comienzan a afectar a personas inocentes como niños, hay que ponerse con la mano fuerte y parar la violencia inmediatamente”, dice Álvaro Zabaleta, oficial de información pública del Departamento de la Policía de Miami-Dade, con respecto al enfoque que tomó el departamento cuando los tiroteos comenzaron a cobrar las vidas de niños como Elijah LaFrance, de 3 años, baleado en su fiesta de cumpleaños.

Ante este panorama, surge la pregunta: ¿La historia de Elijah así como la de las 23 víctimas que sufrieron heridas de bala a la salida de un evento social al norte del condado por un tiroteo en masa, son acaso casos aislados?

Las cifras de la policía sugieren lo contrario, pues desde el 2019 se ha tenido un aumento de 100 tiroteos por año y en lo que va del año esta cifra ya se ha superado. “Todo empezó en el 2019 y se agudizó con la pandemia”, explica Zabaleta.

El 2020 se convirtió en el año detonante cuando la violencia se trasladó a las redes sociales durante las cuarentenas. En ese momento, varios individuos que se conocían en persona intercambiaron insultos por Internet que terminaron en un tiroteo en masa cuando decidieron buscar a quienes los ofendieron, llevándose vidas inocentes a su paso.

Así, el problema no tiene origen en las pandillas. Aunque hay varias en el condado, son pocas y no están relacionadas con los tiroteos que ha sufrido la comunidad debido a que éstas tienen un fin lucrativo mientras los tiroteos se han producido como un ajuste de cuentas.

Pero además de lo anterior, hay otras circunstancias que pudieron haber empeorado el problema como, por ejemplo, los incidentes de racismo que ha enfrentado el país así como la pérdida de confianza en las instituciones.

“A través de la historia siempre hemos visto que sin importar en qué lado de la ley se encuentren las personas, todo el mundo respeta a la policía, pero ahora muchos dejaron de tener respeto a la ley y el orden”, dice el oficial de policía retirado, James Dobson.

Esta situación ha incitado la violencia por armas pero no por parte de quienes las compran legalmente sino de quienes lo hacen de forma ilegal. “Ellos son de los que tenemos que preocuparnos. Los ciudadanos que obedecen la ley y tienen derecho a adquirir un arma de un distribuidor autorizado no son el problema”, aclara Dobson.

En este sentido, considera que la causa del aumento de tiroteos no es el fácil acceso de los ciudadanos a las armas de fuego. “Quienes compran un arma tienen que someterse a un estudio de su historia criminal y eso toma algunos días. Puedo garantizar que ninguno de los autores de los tiroteos en Miami-Dade tenía permiso o entró a una tienda autorizada”, comenta.

Así las cosas, ¿se podría decir que la situación está fuera de control? De acuerdo con Zabaleta, aunque estábamos sin duda en camino a que esto fuera así, las cifras del departamento no se comparan con las que se registran en lugares como, por ejemplo, Chicago o California que tienen índices de criminalidad por armas mucho más altos.

“Comparativamente con años anteriores, sí vimos un incremento notorio en la violencia por armas de fuego que nos causó alarma. Por eso, tuvimos que hacer algo antes de que la situación empezara a estar fuera de control”, asegura.

Dobson considera que aunque si ha habido un número importante de tiroteos en el condado, no cree que la situación esté fuera de control. “Han ocurrido muchos tiroteos en muy poco tiempo y esto es lo que hace que todo el mundo se alarme. Sin embargo, fuera de control significaría que no hay un plan para acabar con esto y ese no es el caso”, afirma.

 

El plan de ataque

Ante la preocupación en las calles y con el fin de evitar que el problema siga escalando, la policía creó las iniciativas ‘Summer Heat’ y ‘Peace and Prosperity’. La primera, que inició el 3 de junio, corresponde a un operativo en el que las aproximadamente 37 agencias policíacas del condado se unieron para intercambiar información que pueda facilitar la tarea de identificar a sospechosos y criminales.

Esta iniciativa, además, cuenta con apoyo estatal y federal con el fin de poder rastrear a los delincuentes fuera del estado. “Tenemos a todas las agencias locales, estatales y federales trabajando unidas además del fiscal federal, el del condado de Miami-Dade y el gobierno y la alcaldía”, explica Zabaleta quien confirmó que al 23 de junio se habían hecho 1,107 arrestos en el condado bajo este operativo.

Por otro lado, también se han decomisado 284 armas de fuego ilegales y se espera que hacia el final del programa, que dura 12 semanas y finaliza en octubre, se hayan decomisado unas 500 armas y hecho 5,000 arrestos.

Al respecto, James Dobson piensa que lo que se está haciendo ahora es exactamente lo que se debería hacer. “La mayoría de los criminales no quieren ir a la cárcel entonces el hecho de que sientan esa presión de la ley les dificultará más sus actividades ilícitas y esto definitivamente disminuirá los tiroteos”.

En cuanto a ‘Peace and Prosperity’, se trata de una iniciativa que busca brindar oportunidades de esparcimiento y trabajo a los jóvenes con el fin de evitar que el ocio los lleve a cometer crímenes.

Por otro lado, el trabajo de la policía también se está enfocando en los entornos virtuales. Por esta razón, además de incrementar los esfuerzos policíacos tradicionales, también se ha expandido la unidad de crímenes cibernéticos con el objetivo de identificar sospechosos en la web y prevenir posibles retaliaciones.

Pero en todo este plan quizás el componente más importante es el comunitario. “La comunidad no se podía sacar de esa fórmula porque es la gente la que nos provee información anónimamente. Ahora los ciudadanos están más involucrados y eso ayuda con nuestro operativo”, afirma Zabaleta.

Entonces, la recomendación es tener un rol más activo en la comunidad entendiendo que sin nosotros los ciudadanos la labor de la policía es más difícil. “Yo creo que las personas deberían hacer su vida normal sin miedo porque los tiroteos van a disminuir pero si deben estar atentos de sus alrededores y si escuchan algo, deben hablar”, aconseja Dobson.

 

La gente opina

Aunque la recomendación de la polícia es clara en cuanto a confiar en la ley, evitar el pánico y continuar suministrando información, ¿cuáles creen las personas son las soluciones más viables para enfrentar esta problemática?

Camila Toro dice que como madre le inquieta la facilidad con la que una persona puede adquirir un arma de fuego. “Yo creo que debería controlarse mucho más esto. Solo deberían comprar armas quienes de verdad las necesiten para protegerse o trabajen en campos relacionados”, afirma.

Rafael Durán tiene una opinión similar. “Aunque la mayoría de las personas están de acuerdo con que ciertos individuos no deberían tener armas, debido a que es un tema tan politizado no podemos pasar leyes sobre esto”, comenta.

En su opinión, esto tiene que ver también con la poca importancia que se le da a la salud mental. “Muchas personas con dificultades de salud mental tienen acceso a armas con gran facilidad, pero este tema no hemos comenzado a abordarlo, ni siquiera se ha normalizado ir a terapia. Hacerlo ayudaría a tener seres humanos más sanos y esto debería hacerse desde la infancia, así tendríamos menos tiroteos”.

Odalys Quevedo, desde su perspectiva de madre y sicóloga, piensa que deberían haber más programas comunitarios educando a las personas sobre el manejo de las armas. “Cuando era pequeña, la policía iba a mi escuela y nos hablaba sobre por qué no usar drogas. Deberían hacer lo mismo pero con respecto a las armas en el sentido de enseñar a no tocarlas, a notificar si ven algo raro y así prevenir más violencia”, afirma.

Considera que esta labor debería empezarse desde una edad temprana. “Hay que hablarles a los niños de que las armas no son un juego, cómo enfrentar una situación en la que haya un tirador o qué hacer si le disparan a alguien. Es triste que tengamos que hablar de esto pero esto puede ayudar de muchas maneras y extenderse a los adultos”, concluye.

 

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