Adultos solteros y sin hijos: ¿Es ese el futuro de la sociedad?

 

Por: María Alejandra Pulgar

 

 

Los adultos menores de 40 años están retrasando, si no renunciando por completo, a las ideas del matrimonio y la paternidad.

Tal afirmación es más que una observación social; lo respaldan cifras obtenidas del censo de EE. UU. 2020, así como estudios recientes de instituciones como el Pew Research Center y el Institute for Family Studies.

Las tasas de matrimonio en los Estados Unidos han disminuido constantemente, hasta el punto de que hoy en día el 50 % de los estadounidenses están casados, en comparación con el 53 % de hace una década. Las personas se casan por primera vez más tarde en la vida, con una media de 30 años para los hombres y 28 años para las mujeres. Eso, a su vez, afecta su voluntad y capacidad para convertirse en padres, ya que muchas mujeres retrasan el embarazo hasta los 30 años o más.

La paternidad está en peligro. El cuarenta y cuatro por ciento de los estadounidenses de 18 a 49 años que nunca han sido padres dicen que “no es muy” o “nada” probable que tengan hijos, mientras que el 74% de los adultos en edad fértil que ya son padres no quieren más niños. A mayor nivel educativo, especialmente en las mujeres, menor disposición a casarse y ser padres.

La expectativa de que los confinamientos por la pandemia promoverían un baby boom no se hizo realidad. Los Millennials y la Generación Z, que se acercan a la mitad de los 20, se están enfocando en obtener una mejor educación y solidificar sus finanzas antes de comprometerse a crear sus propias familias.

Más allá de un punto de vista espiritual o romántico, estas transformaciones en las estructuras familiares que están ocurriendo ahora tendrán un amplio impacto en el futuro de muchos aspectos de la sociedad, no solo en América sino en todo el mundo, donde estas tendencias también se están observando, incluso en países con culturas más conservadoras.

 

El cambio en el “Plan de Vida” ideal

Lo que solía ser el “Plan de Vida” ideal para los Baby Boomers y la Generación X ha cambiado. Antes se esperaba que los adultos jóvenes comenzaran a vivir solos una vez que cumplieran 18 años; muchos de ellos iban a trabajar o siguieron su educación superior y luego siguieron con sus vidas. El matrimonio y los hijos eran los pasos naturales a seguir.

Eso ha cambiado radicalmente. Las deudas estudiantiles, la inseguridad laboral, los problemas de salud, entre varias otras razones, han empujado a los Millennials a volver a vivir con sus padres o a encontrar otros arreglos de vida que no les dejan espacio para establecerse con una pareja o menos aun pensar en tener alguna vez niños. Alcanzar una vida más plena, donde desarrollen una carrera que disfruten y los haga exitosos ha reemplazado la meta de encontrar un compañero de vida y fundar una familia para el 57% de los hombres y el 46% de las mujeres menores de 40 años.

Con respecto a la maternidad, el 56% de los adultos estadounidenses menores de 50 años dicen simplemente “no quieren tener hijos”. Otros motivos fueron médicos (19%), económicos (17%), falta de pareja (15%) o el estado del mundo (9%).

Las experiencias que muchos de estos jóvenes adultos vivieron mientras crecían dieron forma a sus puntos de vista sobre las estructuras y expectativas familiares. Según World Population Review, alrededor del 50% de los matrimonios en los EE. UU. terminan en divorcio, siendo  la sexta tasa de divorcio más alta del mundo; esa cifra aumenta con los matrimonios posteriores. Ver a sus propias familias desmoronarse mientras crecen es una de las razones que expresan los adultos jóvenes cuando deciden excluir el matrimonio de su camino de vida.

 

¿Cómo serán las familias del futuro?

En el informe sobre “El futuro de las familias 2030”, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) analizó el impacto social y económico que tendría la evolución de las familias en todo el mundo.

Las proyecciones del informe concluyeron que para 2025-2030 las familias en todo el mundo serían “hogares unipersonales, monoparentales u hogares sin hijos”. Los cambios en la estructura de las familias, como células fundamentales de la sociedad, tienen “consecuencias importantes para la planificación prospectiva en una amplia gama de áreas políticas, que incluyen el cuidado de los niños, la educación, la vivienda, el cuidado de los ancianos e incluso la planificación urbana”.

Las personas solteras o sin hijos tendrán requisitos diferentes a los de sus comunidades cuando lleguen a sus “años dorados”, y los gobiernos deberían comenzar a trabajar para poder preparar a sus países para satisfacer oportunamente las necesidades de esa población: estadísticamente existe un mayor riesgo de pobreza para las familias monoparentales que para las parejas; Los adultos mayores sin familia extensa, tienen menor capacidad de tener una red de cuidado; Los requisitos de vivienda para familias más pequeñas impactan los desarrollos y las inversiones en infraestructura.

Un informe de octubre de 2021 del Instituto de Estudios de la Familia encontró que los estadounidenses más ricos, religiosos y conservadores eran los que estaban más dispuestos a casarse y procrear, en comparación con aquellos con menores ingresos, creencias seculares e ideas progresistas. La profunda polarización ha llegado a los cimientos de la sociedad: la creación y estructuración de las familias.

Casados o no, los Millennials deberán asumir a tiempo la responsabilidad de proteger y guiar a sus comunidades. Deberán ser líderes fuertes, con valores, dispuestos a escuchar las necesidades de los demás y listos para llegar a todos para preservar el bienestar de sus futuras familias.

 

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