Aquí acostumbran a cautivar a los votantes a través del olfato.

 

Por Sophia Lacayo

 

Dijo el filósofo Epicteto de Frigia: “Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar” y en muchas ocasiones, muchas personas pasan por alto uno de los componentes imprescindibles en el proceso de comunicación. Cada miércoles, suelo dedicar un espacio a los servicios comunitarios, a orientar y prestar ayuda. Personas con problemáticas diversas, algunos con problemas complejos que buscan guía o consejo, acción o soluciones.

María Acosta vino acompañada de su pequeño hijo de tres años: “Sophia ¿usted ha ido al Doral cerca del basurero? – me dijo y asentí – “El hedor es insoportable, no solo condiciona nuestra calidad de vida, sino que nos expone a una peligrosa contaminación. Tengo miedo, por él, señala al niño, por mí. A largo plazo puede haber daños irreparables. Lo hemos planteado en cada una de las instancias: sin respuesta o respuestas vagas que no es lo mismo, pero es igual”

La alcaldesa Daniela Levine Cava y los comisionados de Miami Dade, condado al que pertenece el vertedero ubicado en 9350 NW 89th Ave, en Medley, deben decidir si extienden o no los servicios de la empresa Waste Management Inc. of Florida que administra el basurero. Esto implicaría ampliar el periodo de operaciones hasta el 2036. El contrato de arrendamiento de la instalación expira el 31 de octubre de 2023. El basurero mide 265 pies de altura y se pretende llevar a 340.

Es una situación compleja porque si bien la expansión podría exacerbar el mal olor y aumentar el riesgo sanitario por exposición a químicos como el sulfuro de hidrógeno; por otra parte, está el conflicto de relocalización. Sencillamente no puedes quitar el vertedero del Doral y ponerlo en Homestead o Hialeah, sería injusto y descabellado.

Es necesario tomar en cuenta que ya el vertedero existía cuando se fundó la ciudad en 2003 y opera bajo un permiso emitido por el Departamento de Protección Ambiental de Florida. La loma de desechos beneficia a una población aproximada de 4,5 millones. Sin embargo, tampoco se puede sacrificar a los residentes. En 2016 el International Journal of Epidemiology publicó una investigación concluyente: las personas que viven a menos de 3 millas de un basurero están en riesgo. Entonces ¿Dónde encontrar la solución? ¿Basta con buena voluntad política? ¿Quejas? ¿Denuncias? ¿Intereses?

¿En los procesos de rezonificación no se debió analizar esta situación antes de dar luz verde al desarrollo urbano? ¿estarían dispuestas las personas a pagar más para sufragar posibles medidas? ¿Acaso es el vertedero parte de alguna agenda política local o solo un monstruo verde que mencionar cerca de alguna elección para cautivar votos a través del olfato? Muchas interrogantes, pocas respuestas.

Es imperante formar grupos de trabajo para fomentar la búsqueda de soluciones viables, no megaproyectos millonarios que, a la larga, terminarán por convertirse en una cruz en la espalda de los contribuyentes.

 

 

Articulo pagado por “Mujer Empoderate”.

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