María Rosa Dos Santos Celebra sus 100 Años en Doral

Un siglo de vida y un legado que trasciende fronteras.

 

La vida de María Rosa se alza como un faro de resiliencia, amor incondicional y una profunda sabiduría forjada a lo largo de 100 años. Y Doral será testigo el próximo 22 de agosto, de la celebración de este Centenario; Un evento que no solo conmemora la vida, sino el legado de un pilar fundamental que ha unido a una familia a través de continentes y generaciones.

Nacida el 22 de agosto de 1925 en Caniço, Isla de Madeira, Portugal, María Rosa Dos Santos creció en el seno de una familia junto a sus padres y cinco hermanos. Su infancia, descrita por sus hijos, María Carolina Quintal y Nelson Quintal, fue un reflejo de alegría, con el “bailinho da Madeira” como banda sonora. Desde temprana edad, cultivó habilidades como el arte culinario, el bordado y el tejido, pero fue su “gran responsabilidad, principios y valores” los que la forjaron.

Un viaje para sembrar raíces

Tras 32 años de una vida dedicada al hogar en Portugal, en 1957 María Rosa tomó una decisión transformadora. Se embarcó en el buque “Santa María” hacia Venezuela, una tierra desconocida pero llena de “ilusiones y grandes expectativas”. Fue recibida por familiares en Caracas, deslumbrada por la modernidad de su nueva ciudad.

En la Parroquia La Pastora, al norte de Caracas, su vida tomó un nuevo rumbo al casarse con Manuel Quintal, un compatriota madeirense. María Rosa se convirtió en la “segunda madre” para sus hijos Antonio y Eduardo, forjando un lazo incondicional. Con Manuel, su compañero por casi cuatro décadas, construyó un “matrimonio ejemplar”. Su familia crecería aún más con la llegada de sus hijos biológicos: Elio Roberto, Nelson Lino y María Carolina, quienes hoy la ven como una madre y abuela “luchadora, alegre y muy perseverante de sus principios”.

Un Legado que Crece: De Abuela a Bisabuela.

La vida de María Rosa es un testamento al poder de la familia. En 1989, se “graduó de Abuela” con el nacimiento de Eliana Patricia, seguida por Mariana Carolina (1992), Oriana, Christian Daniel (1998) y Nelson Daniel (2001). Su espíritu maternal trascendió lo biológico; la familia de su esposo Manuel sumaba más de 60 nietos, a quienes “recibió y atendió con mucho cariño”. El mayor regalo llegó en 2014 con su primera bisnieta, Emma Belle, de 10 años, a quien describe como “la niña de sus ojos y la consentida”.

Su rol de “pilar” se manifiesta, según sus hijos, en la forma en que “ha sostenido con firmeza y ternura a toda nuestra familia, generación tras generación”. Es una “bendición que nos llena de gratitud”, un “faro de luz” cuya presencia ha marcado cada historia con “sabiduría serena y un corazón generoso”.

La Fe: Ancla de vida y guía en cada camino

La profunda fe católica de María Rosa ha sido, y sigue siendo, la brújula de su existencia. Desde niña, sus pasos la llevaron a las iglesias de Santo Antonio o del Espíritu Santo en su país natal. Al migrar a Caracas, la Iglesia San José del Ávila se convirtió en su segundo hogar, un refugio dominical y el escenario de los bautizos, primeras comuniones y matrimonios de sus hijos. Su inmensa devoción por Dios la impulsaba a traspasar a pie la peligrosa Avenida Boyacá (Cota Mil), porque “lo importante era estar al lado de Dios y cumplir con su misa”. Esta inquebrantable fe, no solo fue su consuelo, sino la base de su capacidad para enfrentar los desafíos de la vida y sus grandes transiciones.

Las Enseñanzas de un Siglo:

María Rosa, a través de sus actos y su ejemplo, ha transmitido valores invaluables. Sus hijos atesoran lecciones como la “fe en Dios como lo esencial”, el agradecimiento y la bondad. “Nos enseñó a cuidar de los demás”, relatan, destacando cómo “el amor verdadero se demuestra en los actos pequeños”. El respeto, que “empieza en casa”, y la familia como “lo más importante” son pilares de su filosofía. “Hemos aprendido que el amor no envejece, que la vida sencilla puede ser profundamente grande y que ser presencia constante en la vida de los demás es un acto de amor duradero”.

Esta dedicación se refleja en las tradiciones que se han mantenido vivas. Los sábados, la familia se reúne para disfrutar las “caraotas con arroz y tajada”, una costumbre venezolana que sigue uniendo a la mayoría. Los domingos en Caracas, su casa era “literalmente el club portugués”, un espacio de juegos como el dominó y la Bisca, donde María Rosa, “la gran capitana” compartía sus “buenas jugadas y otras picardías”. Su habilidad culinaria la llevó a dominar tanto las especialidades portuguesas (malasadas, bacalao) como las venezolanas (arepas, hallacas).

Además de su don culinario, María Rosa fue una “protectora de la vegetación”, cultivando un mini vivero en su hogar, reflejo de su origen en una isla exuberante. Aún hoy, a sus 100 años, llama semanalmente para preguntar por sus plantas.

Un Espíritu Inquebrantable

La personalidad de María Rosa es “alegre, original y auténtica”. Siempre con una sonrisa, dispuesta a ayudar, y llena de bondad, incluso cuando el cuerpo duele. Su espíritu se manifiesta incluso en su adaptación a la era digital en sus redes sociales. Actualmente, a sus 100 años en Doral, María Rosa está más conectada que nunca. Desde hace dos años, gracias a un celular regalado por su nieta Eliana, mantiene el contacto con sus amigas, primas y sobrinas en Venezuela y Portugal, revisando constantemente las fotos que le envían. Incluso disfruta de los videos que su nieta Mariana, maquilladora, publica en Instagram. Su vida sigue activa!”.

El Secreto de una Vida Plena: Lucidez, Sencillez y Amor Familiar

El “secreto” de María Rosa para alcanzar sus 100 años con tanta lucidez y serenidad no es uno solo, sino una filosofía de vida que sus hijos describen con profunda sabiduría: “acoger cada día con gratitud sin mirar atrás con rencor ni adelante con ansiedad”. Ha sabido vivir el presente con “sencillez y paz”, confiando en que “cada cosa tiene su tiempo y su propósito”. Más allá de eso, “siempre ha sido el motor de la familia, ha vivido para los suyos no como sacrificio sino como un gozo”.

Para las nuevas generaciones, su consejo es claro y atemporal: “Que vivan con el corazón en paz, no corran tanto, escuchen más, el dar las gracias a Dios todos los días, aunque sea algo pequeño, ser honesto y vivir bajo la fe, porque uno no siempre entiende los caminos, pero si confía, todo se acomoda. Mantenerse unido en familia”, comenta Maria Rosa.

La celebración de los 100 años de María Rosa en Doral, es un nuevo capítulo en su fascinante viaje desde Portugal y Venezuela, lo que representa una “gran bendición”para su familia. Es la primera en la familia Quintal-Dos Santos en alcanzar esta edad, y lo hace con una lucidez y alegría tales, que ella misma coordinó su misa de cumpleaños en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe.

Para sus hijos, María Rosa es la “maestra de nuestras vidas, ejemplo de fe, sacrificio y fortaleza”. “Tu vida ha sido una bendición para todos nosotros”, expresan con profundo orgullo y una gratitud “que no se puede explicar con palabras”. Su centenario no es solo un festejo familiar, sino un recordatorio para la comunidad de Doral de la riqueza que aportan las vidas vividas con propósito, fe y un corazón abierto.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *