¿El niño de hoy podría volverse el tirador del mañana?

 

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

En la actualidad, estamos viviendo tiempos desafiantes en todos los sentidos. Pero, quizás, el desafío más grande que enfrentamos es la forma en que estamos educando a los niños o, en muchos casos, tristemente abandonándolos a su suerte para que se defiendan en un mundo que por todos lados les dice que la violencia es el camino a seguir.

Esta no es una afirmación exagerada si analizamos los eventos ocurridos durante mayo en Estados Unidos: Un tiroteo masivo en un supermercado de Buffalo, Nueva York, que dejó un saldo de 10 muertos y, más recientemente, un tiroteo escolar en la Escuela Primaria Robb en Uvalde, Texas, que acabó con la vida de 19 estudiantes y 2 maestros y otro más en un hospital de Tulsa, Oklahoma, que culminó en 4 muertes.

De esos ataques, los de Buffalo y Uvalde fueron efectuados por jóvenes de 18 años. El autor de este último fue Salvador Rolando Ramos, abatido por la policía tras el atentado, de quien se dice tuvo una vida familiar difícil y había sufrido de bullying.

Estos hechos se suman a los 233 tiroteos en masa que han ocurrido en lo que va del año en territorio nacional, de acuerdo con el Gun Violence Archive. Se define un tiroteo masivo como aquel en el que al menos cuatro personas resultan con heridas de bala.

Lo más preocupante de esta situación es que muchos niños y adolescentes están viendo la violencia como algo normal no solo por los tiroteos escolares sino porque están constantemente bombardeados con contenido de carácter violento a través de los videojuegos, las redes sociales y los programas de televisión.

Pero, entonces, ¿pueden los padres evitar que un niño crezca y resulte convirtiéndose en un tirador? Erika Monroy, sicóloga clínica y educativa especialista en inteligencia emocional, asegura que sí y comparte algunos tips para evitar que esta situación se siga repitiendo.

 

Tiempo de calidad, comunicación y supervisión

Salvador Rolando Ramos no tomó la decisión de disparar a todo el que se cruzara en su camino el 24 de mayo sin antes pasar por una serie de sucesos durante su infancia que comprometieron seriamente su salud mental y le forjaron un carácter agresivo y hostil.

Por eso, de historias como la de Ramos y de otros adolescentes que han protagonizado tiroteos escolares se puede rescatar que es primordial proteger la salud mental de los niños desde edades tempranas o efectuar los correctivos necesarios lo más pronto que sea posible. “Estamos normalizando enfermedades de salud mental como la ansiedad y la depresión y a veces las dejamos pasar”, sostiene Erika.

El primer paso en esta tarea es asegurarse de pasar tiempo de calidad con ellos para conocerlos a profundidad y, de esta manera, ser capaces de detectar a tiempo cuando algo no va bien. “Si eres un padre ocupado, ponlos como prioridad porque no vas a poder identificar focos rojos si ni siquiera conoces a tu hijo”, aconseja Érika.

Erika Monroy

Destinar un tiempo para indagar sobre cómo les fue en el colegio, si comieron o no, si se encuentran bien de ánimo o si existe alguna situación en casa o en la escuela que pueda estarlos perturbando puede marcar una gran diferencia en la vida de los menores. Además, ese espacio se puede emplear para observar su conducta, entender sus hábitos y saber cuáles son sus intereses.

Se trata de generar conversaciones constantes en las cuales los padres o cuidadores practiquen la escucha activa y no solamente se limiten a hablar. “Hay que saber qué están sintiendo y validar sus emociones. También ayudarlos a transitar momentos de tristeza o enojo y resolver junto con ellos esos conflictos emocionales que pueden ser personales o familiares”.

En este aspecto, hay que tener paciencia puesto que a algunos adolescentes se les dificulta expresar emociones. Sin embargo, es responsabilidad de los padres buscar la oportunidad para generar cercanía y estrechar el vínculo.

En esto, es recomendable convertirse en un buen ejemplo. “Modela ante ellos cómo expresas sentimientos como el enojo, la tristeza o el miedo, pues esto les sirve para tener un prototipo de cómo manejarlos”.

Así mismo, dado que actualmente los menores tienen una vida activa en el mundo digital parte del trabajo de acompañarlos consiste en seguirlos en redes sociales, entender cómo las están usando, qué están publicando, qué comentarios reciben y conocer sus amigos virtuales y de la vida real así como las familias de éstos.

“No aceptes frases como ‘no te metas en mi vida’. Métete en la vida de ellos con amor, revisa su mochila, el celular o los videojuegos que utilizan. Antes de los 21 años de edad y mientras los hijos no sean independientes emocional y financieramente no existe la propiedad privada”, comenta.

Por otra parte, existen hoy en día programas para instalar en los computadores que les permiten a los padres acceder al historial de contenidos vistos en línea por sus hijos y candados de supervisión parental. “Es muy importante informarse y entender los riesgos que corren mientras navegan por Internet”.

Por último, establecer límites con consecuencias adecuadas es la mejor manera de protegerlos de ellos mismos y de los demás. Por ejemplo, dejarles claro cuál es el tiempo máximo permitido para utilizar los dispositivos electrónicos y qué contenidos no están permitidos como aquellos de carácter violento.


 

Señales de alerta

Las siguientes señales no necesariamente indican que hay un potencial pistolero en casa pero sí avisan de un problema que es prudente atender, si es necesario con la ayuda de un profesional como un sicólogo, siquiatra o terapeuta.

  1. Comportamiento misterioso o que indica que esconde algo
  2. Ataques de ira
  3. Expresiones de tristeza, enojo o ansiedad
  4. Trastornos del sueño
  5. Resistencia a asistir a la escuela porque está siendo intimidado por uno o varios compañeros.
  6. Consumo de drogas o alcohol
  7. Maltrato a animales u otras personas
  8. Exceso de tiempo usando videojuegos de carácter violento
  9. Aislamiento social

 

 

 

 

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