Infancia sexualizada en tiempos sin censura

Por: Diana Bello Aristizábal

El sexo y la infancia son dos temas que nunca deberían estar conectados. Sin embargo, en la actualidad la línea que los divide es cada vez más delgada. Precisamente esto quiso mostrar la película ‘Cuties’ estrenada en septiembre en Netflix que, aunque cuestionable, pone sobre la mesa el tema de la hipersexualización infantil.

La hipersexualización se define como la tendencia a definir el valor de una persona en función del deseo sexual que despierta. En el caso de los niños tiene que ver con el hecho de que asuman unos patrones y valores de connotación sexual que no les corresponden por su edad.

En la película esto se refleja en el personaje de Amy, una niña de 11 años que tiene un despertar sexual prematuro tras unirse a un grupo de niñas que hacen twerking o perreo. Rápidamente lo que empieza como la práctica de un baile, desencadena conductas inapropiadas que tienen como telón de fondo las redes sociales.

La cinta francesa es tan explícita que generó un movimiento en redes sociales de personas preocupadas por la forma en que se “explota” a actrices adolescentes para reflejar la conducta sexual que tienen hoy muchos niños. Incluso, se critica fuertemente el afiche promocional que muestra a unas niñas ligeras de ropa en poses de carácter sexual.

Pero más allá de la discusión alrededor de la película, para muchos un desatinado intento de generar conciencia sobre la sexualización infantil, conviene analizar qué estamos haciendo como sociedad para generar conductas sexuales en niños que deberían estar disfrutando de su infancia en lugar de querer imitar a los adultos.

Y es que no se puede desconocer que vivimos en un mundo en el que se exalta el sexo de forma exagerada y a esto los niños no son ajenos, pues ellos también cantan el reggaetón con sus letras explícitas, asisten a conciertos donde los artistas adoptan comportamientos sexuales y ven series de televisión en las que el sexo es el tema predominante.

¿Es la solución a esta problemática cancelar Netflix como muchos hicieron luego de que se estrenara la película, prohibir el uso de las redes sociales o boicotear el reggaetón?, ¿tienen los padres el poder de revertir esta realidad para que tengamos niños más sanos? Estas y otras cuestiones las analizamos a continuación.

 

Las redes sociales y su rol de “niñeras”

El sexo siempre ha tenido una gran influencia en la música, el cine y la televisión consumida por niños y adultos. En las décadas de los 60, 70 y 80 aunque no existían ni el reggaetón ni las redes sociales, el rock, la salsa y el pop tenían letras alusivas al sexo y los programas de televisión y las películas contaban historias con contenido sexual.

Entonces, ¿por qué hoy el tema está agudizado? La respuesta más simple está en la censura o, más bien, la falta de ella. Antes, el contenido de carácter sexual no era de fácil acceso para los menores de edad. Las canciones con contenido sexual eran censuradas en la radio y la televisión era menos explícita en la franja familiar.

Para Sabina García, sicóloga y terapeuta de familias y pareja, todo esto cambió con las redes sociales que son accesibles para los niños. Eso no sería perjudicial por sí solo, sino fuera porque en ellas se puede ver y publicar una gran variedad de contenido con un control mínimo.

Por eso, plataformas como TikTok están siendo usadas en gran medida por niños y preadolescentes que suben videos en los que bailan sensualmente o se ponen ropa apretada, muchas veces ante la mirada indiferente de los adultos.

“Los niños se están guiando por lo que ven en las redes sociales. Así, una niña de 9 años, que está en una edad muy impresionable, ve a otra bailar sensualmente con ropa pegada y quiere ser como ella para tener aceptación social”, comenta.

A veces son los mismos adultos quienes promueven este tipo de conductas al hacer preguntas no apropiadas para la edad del menor como, por ejemplo, indagar en si tiene o no pareja o decirle que a su edad ya no debería jugar con muñecas. “Una niña ingresa en redes sociales, ve de lo que se está hablando y piensa que quizás debería estar pensando en tener novio en lugar de jugar con las muñecas”, añade García.

El problema se agudiza cuando no hay un adulto cerca que ayude al niño a procesar esa información. Por el contrario, es muy común que los padres se enfoquen tanto en su trabajo que se desensibilicen frente al contenido que consumen sus hijos.

En este sentido, las redes sociales e, incluso, la televisión no son el problema sino la falta de control parental y la tendencia a usar estos medios como niñeras que “educan” y entretienen a los niños ante la ausencia del adulto.

Lo preocupante es que muchas veces acceden a las redes sociales a edades en las que no tienen la madurez para hacerlo. No se recomienda proporcionarle un celular a un niño menor de 12 años ni darle acceso libre a redes sociales.

Esto no significa que estén vetadas, sino que deben verlas en compañía de un adulto que les ayude a digerir sus contenidos. “Se trata de hablar abiertamente con ellos, monitorear lo que hacen en redes y enseñarles qué está permitido y qué no en esas plataformas. Por ejemplo, explicarles que no se pueden enviar fotos o videos sin ropa”, comenta.

 

Padres, los verdaderos educadores

En un mundo tan sexualizado, el antídoto es el diálogo abierto frente a la sexualidad y el cuerpo. “Hay que enseñarles a los niños los nombres anatómicos de sus partes privadas, decirles que nadie los puede tocar, hablar sobre las letras de las canciones y explicarles qué se considera apropiado y qué no para la edad que tienen”, enfatiza García.

Con respecto a la música, la recomendación es explicarles cuál es la diferencia entre bailar de forma pícara y vulgar entendiendo que la palabra ‘sensual’ no debería hacer parte del vocabulario de un niño ni debería ser medido en función de esto.

Así, es preciso recalcarles tanto a niñas como a niños que el valor de una persona no está en su sensualidad o belleza física, sino en su inteligencia, bondad, habilidad para trabajar en equipo o en su solidaridad.

“A veces los niños tienen autoestima baja porque todo el mundo se concentra en cómo lucen. Si los padres se enfocaran más en sus valores y no tuvieran afán de que maduraran rápido, ellos estarían menos expuestos”, añade García.

Por otro lado, hay que hablarles de las relaciones consensuadas, a siempre respetar la palabra ‘no’ y decirla cuando sea necesario y a pedir permiso para algo tan sencillo como hacer cosquillas.

 

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