¿Le diremos adiós al COVID-19 en el 2022?

Por: Diana Bello Aristizábal

Desde que llegó la pandemia del coronavirus a finales del 2019, el mundo se embarcó en una montaña rusa en la que un día estamos en lo más bajo, cuando disminuye la cifra de infectados y fallecidos y se relajan las medidas de seguridad, mientras otros días alcanzamos el pico más alto, gracias a la variante de turno, y la vida de nuevo se torna un poco caótica.

Hoy, a casi dos años de que se encontrara el primer caso de coronavirus en esta parte del mundo, la gente se pregunta cómo sería la vida sin tapabocas, sin distanciamiento social y sin abstenerse de ir a ciertos lugares. ¿Llegaremos a la tan anhelada “normalidad” este año? y ¿se acabará la pandemia en el 2022?

De acuerdo con la Dra. Dadilia Garcés, médico epidemiólogo del Miami-Dade College, eso dependerá en gran medida de nuestras acciones. “Mientras a nivel global no tengamos una tasa de vacunación superior a la actual, se seguirán presentando nuevas variantes y olas que nos llevarán a retomar medidas como el uso de las mascarillas y el distanciamiento social”, afirma.

Tan solo en Estados Unidos, la tasa actual de vacunación es del 60 por ciento, lo cual, según la Dra. Garcés, sigue siendo un porcentaje bajo si se tiene en cuenta que en este país hay una mayor disponibilidad de vacunas en comparación con otros lugares como el continente africano donde no llega ni al 4 por ciento.

Pero, ¿por qué es la vacunación importante? Porque el virus se alimenta de las personas no vacunadas. “El COVID-19 busca sobrevivir de cualquier manera. Las personas no vacunadas, le entregan información al virus que le permite seguir circulando, mutando y creando variantes”, explica la Dra. Garcés.

En este sentido, si aumenta el porcentaje de vacunados en la población al 70 por ciento, que es la meta actual, se disminuiría la posibilidad de que se presenten nuevas olas y, a su vez, las variantes cada vez se tornarían menos agresivas aunque más contagiosas.

De acuerdo con Robert Hernández, especialista en enfermedades infecciosas del Kendall Regional Hospital, las vacunas disminuyen la posibilidad de que el enfermo termine en un hospital o en una unidad de cuidados intensivos. “Contrario a lo que muchos siguen pensando, no evitan que la persona se infecte”, asegura.

Pero a pesar de su importante rol, muchos se preguntan si las vacunas disponibles, especialmente aquellas de dos dosis, podrán ser lo suficientemente efectivas contra las nuevas variantes o si se crearán en el 2022 otras para combatir la variante de turno.

En opinión de la Dra. Garcés, para Omicrón, que es la variante que circula en la actualidad, no se crearán vacunas nuevas, aunque aún es difícil predecir si las variantes posteriores lo requerirán. “Eso dependerá de la mortalidad y el impacto en la capacidad hospitalaria. Si no se registran cifras negativas al respecto, generalmente esto no ocurre”, enfatiza.

Y, ¿habrán nuevas variantes en el 2022? Los especialistas consultados coinciden en que podrían aparecer entre 2 o 3 en el 2022. “El número de mutaciones se irá diluyendo y la variante predominante, por su alta capacidad de contagio, será la próxima que esté presente a nivel mundial”, argumenta el Dr. Hernández.

Otro tema que genera dudas son las vacunas de refuerzo o tercera dosis. El consenso general es que una vez dejen de circular tantas variantes y el virus esté en camino a volverse endémico, es decir, deje de ser masivo y se limite a pequeños brotes en ciertas épocas del año, será menos necesario ponerse tantos refuerzos para mantener alto el sistema inmunológico.

Sin embargo, para el Dr. Hernández esto puede variar de paciente a paciente. “Los refuerzos son ideales para quienes no están creando anticuerpos apropiadamente pero no son indispensables para todo el mundo. Si una persona es joven, tiene buena salud, recibió el esquema de vacunación inicial completo y ya tuvo COVID-19, considero no le hace falta el refuerzo”, agrega.

Cabe anotar que el tratamiento oral contra el coronavirus en forma de píldora no reemplazaría la vacuna. Este medicamento, que está desarrollando en la actualidad el laboratorio Pfizer, estaría indicado en los primeros días de la enfermedad con el fin de reducir la probabilidad de que derive en una condición grave.

“Reduce los síntomas pero no crea inmunidad como la vacuna, cuya finalidad es entrenar al organismo para que sepa cómo defenderse”, explica la Dra. Garcés, asegurando que podría estar disponible para el primer trimestre del año, a más tardar en marzo, si cuenta con el visto bueno de la FDA y el CDC.

 

Un virus cada vez menos letal

Es un hecho que llegar a una respuesta definitiva sobre cuándo podría finalizar la pandemia es complicado porque depende de muchos factores, algunos de los cuales no son claros en la actualidad. Sin embargo, sí puede predecirse cuál sería el curso que ésta tomaría en el presente año y cómo se vería la “nueva normalidad” en diciembre.

En primer lugar, hay que aclarar que este virus no se erradicará sino que pasará a ser endémico. Sin embargo, este panorama solo se materializará cuando la tasa de mortalidad en la población disminuya significativamente.

“Se espera que con cada cepa disminuya cada vez más la tasa de mortalidad, tal y como sucedió con la influenza. Las medidas de protección serán menos drásticas entre menos mortal sea el virus”, dice el Dr. Hernández.

En este propósito, no solo cumplen una función las vacunas sino también las mascarillas. Éstas sirven para cortar la transmisión del virus, lo cual, a su vez, disminuye la tasa de infección.

Por eso, por el momento y hasta que las autoridades sanitarias indiquen lo contrario, la recomendación es seguir utilizando las mascarillas, especialmente en espacios cerrados y concurridos.

“El virus se propaga en espacios cerrados sin ventilación de modo que si una persona está, por ejemplo, en un restaurante donde normalmente el aire circula poco, puede crear un ambiente de alto riesgo aunque haya distanciamiento social si no se emplea una cubierta facial”, puntualiza el Dr. Hernández.

Pero en un mediano plazo podríamos prescindir de esta y la pandemia podría comenzar a debilitarse. “Estimo que para esta Navidad ya deberíamos estar más cerca de como era nuestra vida antes del COVID-19. Es decir, podremos reunirnos sin usar mascarilla. Si la gente se sigue vacunando y usando el tapabocas hoy, entraríamos en la fase final del virus este año antes de que pase a ser endémico”, asegura la Dra. Garcés.

 

 

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