¿Por qué las personas creen en teorías conspirativas?

Entre el criterio y la mesura

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

En medio de una pandemia, el mundo está enfrentando simultáneamente otro problema: La abundancia de información o infodemia sobre los temas de mayor interés para las masas. De este cúmulo de artículos que circulan por redes sociales, páginas web, aplicaciones de mensajería e impresos han surgido las llamadas teorías de conspiración que han caldeado aún más los ánimos en una época marcada por el miedo.

“Una teoría de conspiración se define como una percepción acusatoria en la que un pequeño grupo de personas poderosas está trabajando en secreto para su propio beneficio y en contra del bien común”, explica Joe Uscinski, profesor asociado de ciencia política de la Universidad de Miami y coautor del libro ‘American Conspiracy Theories’.

Cuando se dan estas características en un determinado escenario, surgen versiones alternativas a las que se conocen oficialmente en forma de complots sobre temas de gran relevancia como, por ejemplo, las vacunas, el coronavirus o las elecciones presidenciales.

Y es que aunque las teorías de conspiración han existido siempre, desde marzo del 2020, cuando la pandemia se hizo global, volvieron a fortalecerse. Una de las más difundidas fue aquella según la cual el virus fue creado en un laboratorio como arma biológica contra la humanidad.

Otras teorías ampliamente difundidas incluyen aquella según la cual las fuerzas militares estadounidenses llevaron el virus a China, otra que dice que Bill Gates tenía conocimiento previo sobre la pandemia y pudo haberla provocado y una según la cual quienes se vacunen contra el COVID-19 serán implantados con un microchip digital que pretende rastrearlos y controlarlos.

El efecto de estos complots, de acuerdo con los expertos, es que activan el miedo y la confusión en las personas al ser ampliamente difundidos. “Tenemos una doble pandemia: el virus patológico y la pandemia del miedo”, expresó Kang Liu, un profesor de la Universidad de Duke, en un reporte de la AP.

De acuerdo con Sandra Arroyave, sicóloga y coach de vida, esto sucede porque las situaciones nuevas, como por ejemplo una pandemia, generan inmediatamente un cuestionamiento muy grande en cada persona. Esto conlleva a que el individuo busque información de diversa índole para intentar entender la situación presentada.

“El miedo, el estrés y la incertidumbre que esto despierta influye en que estos rumores crezcan mucho más. Cada persona se engancha inconscientemente a las teorías que más resuenan con su entorno de vida, su sistema de creencias, sus miedos, su contexto religioso, político y cultural”, agrega.

Joe Uscinski tiene una opinión similar, pues considera que las personas tienden a seguir las teorías de conspiración que coinciden con su visión del mundo. “Normalmente adoptan las que acusan a quienes ya desaprobaban desde antes. En este sentido, un republicano puede seguir una teoría que acusa a los demócratas y viceverza”, dice.

Pero la otra repercusión de las teorías conspirativas es que motivan acciones que, en ocasiones, pueden llegar a ser peligrosas. “No representan un fenómeno individual porque llevan a una acción colectiva en la que unas personas contagian a otras de sus posturas”, comenta Sandra Arroyave.

Ante este panorama, surge la pregunta ¿cómo debemos reaccionar ante las teorías conspirativas y de qué manera asimilarlas para evitar que causen daño en un mundo ya polarizado?

 

Cuestionar sin dividir

Sandra Arroyave relata que desde que comenzó la pandemia ha visto un aumento significativo de pacientes que llegan a su consultorio con cuadros de ansiedad y estrés porque se obsesionan con diversas teorías conspirativas.

“He visto a muchos dejarse llevar por el miedo al punto de terminar sus carreras, entrar en depresión o dejar de salir a la calle por miedo a que alguna de las teorías resulte cierta”, comenta.

Por eso, recomienda trabajar en las emociones que genera un suceso. “Si lo que tienes es miedo a morir por el coronavirus, por ejemplo, entonces documéntate, contrasta datos, busca de dónde viene la información, cuestiónate qué está pasando dentro de ti para que estés contagiándote de ideas externas y si vale la pena seguirlas a cambio de tu tranquilidad”, asegura.

Además, considera fundamental antes de compartir alguna información preguntarse la motivación para hacerlo. “¿Lo estás comunicando como una opinión tuya, un hecho confirmado o desde tus miedos?”, añade.

Por otro lado, hay que evitar generar división cuando otros comparten sus posturas o aseguran creer en una teoría de conspiración, pues las redes sociales y el mundo físico se han convertido en un campo de batalla donde nadie parece respetar el punto de vista ajeno. Escuchar sin hacer juicios o confrontar puede ser un punto de partida.

Jairo Ricardo Ledezma, profesor de historia y sociología de Miami-Dade College, por su parte, considera prudente investigar las motivaciones que hay detrás de la persona u organización que comparte una teoría de conspiración. “Una pregunta vital es: ¿qué reacción se espera de mi con esto o por qué me quieren hacer creer esto?  Muchas veces descubrimos que hay intereses políticos o ecónomicos detrás”, aconseja.

Además, sugiere ante la duda siempre regirse por el experto en el tema. “Si vas a arreglar tu carro, lo llevas al mecánico no al panadero de la misma manera que no puedes creer algo simplemente porque venga de tu suegra o un amigo”, explica.

Por eso, hay que cuestionarlo todo y hacer la tarea de verificar si una teoría es comprobada o no. Según Ledezma, cuando algo no es una teoría de conspiración sino un hecho real es confirmado masivamente por expertos de instituciones oficiales en diferentes países del mundo que encuentran hallazgos similares sobre un tema.

“Si queremos mejorar como humanidad y parar esta saturación de información que nos está haciendo daño socialmente, debemos siempre preguntarnos ‘¿qué otras fuentes han dicho lo mismo?’ antes de replicar y difundir”, concluye.

 

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