La Gratitud: Una Mirada Personal a las Adversidades

 

Aprendizajes y Testimonios a partir de la Pandemia

 

Por: Grecia Romero

 

Las dificultades y la gratitud no parecen caminar tomadas de la mano. El temor, la ansiedad, la incertidumbre y hasta el dolor suelen describir mejor las situaciones difíciles y es probable que más de una persona haya experimentado todos estos sentimientos a la vez después de vivir una pandemia por más de año y medio.

Una mirada a los testimonios y aprendizajes de varios de nuestros lectores durante este tiempo de dificultad mundial puede ser muy útil para la reflexión personal sobre el agradecimiento que trae consigo el mes de noviembre a propósito de la celebración del Día de Acción de Gracias.

 

Valorando la Vida, Salud y Seres Queridos

Yetzy Sarmientos le tocó recibir la noticia del fallecimiento de su padre por Covid viviendo en un país distante y sin poder viajar para estar presente en su último adiós. Ella comparte el dolor de millones de personas que vieron entrar a sus familiares  a hospitales con la esperanza de una pronta recuperación y sin embargo recibir una respuesta distinta: “La complicación de su condición de salud fue algo inesperado. En ningún momento me pasó por la cabeza que se pudiera morir y que yo no estuviese allí con él; fue un golpe muy duro”.

A pesar vivir este duelo al mismo tiempo que perdió su trabajo por la pandemia, ella comenta con esperanza que son etapas duras que hay que vivir, aceptar y aprender. Esta dolorosa experiencia le dejó además una enseñanza sobre la valoración de la vida, la familia y los amigos. “Le doy gracias a Dios por el aprendizaje que me ha quedado. Muchas veces no aprovechamos los momentos, ni las personas que tenemos al lado. Puede que la convivencia no sea fácil con la familia, compañeros de trabajo o amigos,  pero la vida pasa muy rápido y es muy fácil quedar atrapado en el día a día y en lo negativo”.  Yetzy concluye diciendo que despertar cada mañana con salud  ya es un motivo enorme para agradecer independientemente de las pérdidas que se tengan.

Malby Rojas, enfermera especialista en cuidados intensivos ha sido testigo en primera fila de los sufrimientos de cientos de pacientes en estado crítico durante la pandemia.  Ella coincide con Sarmientos en la fragilidad de la vida y la importancia de apreciar la salud y los seres queridos. “Esta pandemia me ha enseñado que la salud es la mayor riqueza que una persona puede tener y no hay dinero que la compre. Hoy estamos aquí pero mañana no sabemos. Parece que estamos siempre ocupados y frecuentemente tenemos excusas para postergar una llamada o un mensaje de texto que no sabemos si podremos hacer. Ahora atesoro mucho más ese compartir con mis seres queridos”. 

 

Agradeciendo los Recursos

Tal vez algo que quedo muy evidente durante estos meses ha sido valorar la importancia de los recursos tecnológicos, científicos y naturales con que se cuentan y muchas veces se dan por sentados.

Ingri Espinel, quien vive en Panamá y tuvo un prolongado tiempo de aislamiento por disposiciones de su país, contrasta la situación de Estados Unidos y lo que tuvo que vivir: “Estados Unidos es un país muy fuerte económicamente, donde las vacunas estuvieron disponibles con gran rapidez. La mayoría de las familias y especialmente los niños pudieron reiniciar sus actividades laborales y escolares gracias al uso de la tecnología y un sistema escolar que permitió que se hiciera eso. No todos los países cuentan con esos recursos. Es muy triste ver cómo ha habido países donde los niños recibieron clases por radio porque en sus hogares no se tenía una computadora o conexión de internet, o el país no tenía los medios para ayudar en ese sentido a su población”.   

La tecnología también ha beneficiado a quienes han estado aislados mientras sufren el virus como fue el caso de Marjorie Granados: “Estoy muy agradecida de la tecnología con que contamos, no solo me permitió estar en cercanía con mis seres queridos y celebrar a distancia ocasiones como cumpleaños, sino también me ayudó a tener comida en la puerta de mi casa sin necesidad de contacto con otra persona ni transmitir el virus a otros”.

Una vez superado el virus, Granados pudo emprender un plan de salud integral que incluye alimentación, rutina de ejercicios, y hasta disfrute del aire libre. “Ese momento me enseñó a valorar y disfrutar más mi vecindario, las camineras al aire libre y parques que no había disfrutado antes por mis ocupaciones”.   

 

La Gratitud no tiene límites

El aislamiento dejo en evidencia que el mundo puede trabajar en equipo y compartir los recursos y talentos.  Como dice un dicho popular, “En tiempos difíciles la solidaridad puede salvarnos” y eso fue verdad para Liz Blanco quien tiene una nueva mirada de gratitud sobre su vida, compartiendo lo que tiene, desde conocimiento hasta posiciones materiales: “Ya no guardo nada. Esta pandemia me abrió el corazón a la necesidad de compartir. Ya no reservo cosas para el momento especial. El momento especial es ahora”.

Esta también fue la actitud de Carmen Romanach quien ha dedicado su vida a servir a otros y de forma muy dedicada llevando esperanza compartiendo su fe: “Durante el tiempo que las iglesias estuvieron cerradas, tuve el regalo de ayudar como voluntaria en la preparación de las Misas que eran transmitidas en línea.” Esto le permitió estar muy activa, tener una actitud positiva y de paz que transmitió a su familia.

Para Lisette Hermoso, las dificultades pueden sobrellevarse mejor cuando se intenta ver desde la mejor perspectiva: “es posible encontrar el lado más iluminado del escenario incluso si todo parece oscuro”.

Como se reaccione a cada circunstancia es una decisión personal, pero sin duda la gratitud siempre trae muchos beneficios. Estar agradecidos no es una emoción, es una tendencia de vida que puede ser aprendida y cultivada dando el primer paso que es determinar que tenemos y porque es importante. Que este mes de noviembre sea un buen punto de partida para valorar con gratitud lo que nos rodea.

 

 

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