Los niños están cada vez en mayor riesgo de sufrir diabetes

 

La obesidad, el sedentarismo y la alimentación inciden en el aumento de la diabetes tipo 2 en la población infantil

 

 

Por: Diana Bello Aristizábal

 

Noviembre es el Mes Nacional de la lucha contra la diabetes. En esta pelea, que está justificada en las alarmantes estadísticas de la Asociación Americana de Diabetes, no se puede dejar de lado a la población infantil que está cada vez en mayor riesgo de padecer la del tipo 2.

Según la Asociación Americana de Diabetes, 1.25 millones de americanos sufren de diabetes tipo 1 y 40 mil más serán diagnosticados este año. Sin embargo, la diabetes tipo 2 está creciendo de forma alarmante debido a los altos índices de obesidad en la población.

Marco Danon, MD

“Hace 40 años veía dos casos al año de diabetes infantil tipo 2, ahora estoy viendo dos por semana y se cree que el principal factor de riesgo es la obesidad”, indica el doctor Marco Danon, endocrinólogo pediátrico, quien trabaja en varios hospitales de Miami, entre ellos el Baptist Hospital of Miami y Nicklaus Children’s Hospital.

Según el experto, el 16 por ciento de los niños en Estados Unidos son obesos y todos ellos están en riesgo de desarrollar diabetes, aunque solo un 2 a 3 por ciento anual se vuelven diabéticos claros.

Una percepción similar tiene Maria Gomez-Borgo, educadora certificada en diabetes y dietista licenciada y registrada de Kendall Regional Medical Center para quien la diabetes tipo 2 es la más común en la población infantil.

“La diabetes de tipo 2, que alguna vez fue considerada como una condición rara en los niños, ahora representa aproximadamente entre el 15 y el 45 por ciento de todos los casos nuevos diagnosticados en niños y adolescentes. Hace 10 años, representaba menos del 3 por ciento de todos los casos”, asegura.

Esto hace que en la actualidad todas las miradas estén enfocadas hacia la prevención de la diabetes tipo 2, la única que puede ser controlada a través de un estilo de vida sano que incluya actividad física y alimentación balanceada.

En este sentido, hay que aclarar que aunque los dos tipos de diabetes conllevan un nivel alto de azúcar en sangre, cada uno se desarrolla de forma diferente. La del tipo 1 se origina cuando hay carencia de insulina, mientras la del tipo 2 la padecen quienes desarrollan una resistencia a la misma.

Por otra parte, la diabetes tipo 1 tiene un componente genético importante que puede activarse en ciertas condiciones ambientales y solo puede ser tratada con insulina. Entre tanto, la de tipo 2 aparece debido a una falta de acción de la insulina que está presente en el cuerpo pero no funciona bien por el exceso de peso.

“Todos los latinos tenemos una predisposición genética a desarrollar diabetes tipo 2 por  la forma en que nuestros antepasados almacenaban la grasa en su cuerpo y actualmente somos el segundo grupo mundial con la incidencia de diabetes más alta”, advierte Maria Gomez-Borgo.

Sin embargo, este tipo de diabetes solo se activa cuando las condiciones ambientales la favorecen (mala alimentación combinada con inactividad). Lo anterior significa que contrario a la de tipo 1, que es dependiente de la insulina, la del tipo 2 depende exclusivamente de la colaboración del paciente para bajar de peso.

“Se necesita mucha colaboración de la familia para que se pueda controlar la obesidad, pero si se logra hacerlo con ejercicio y buena alimentación, la diabetes puede desaparecer”, agrega el doctor Danon.

 

Visita al médico, diagnóstico y tratamiento

Además de la obesidad como señal de alerta en el caso de la diabetes tipo 2, hay algunos síntomas que pueden indicar la presencia de la enfermedad en cualquiera de los dos tipos. Estos son principalmente sed excesiva y aumento de la frecuencia al orinar.

“En los niños, lo habitual es que se orinen en la cama cuando ya controlan esfínteres o que se paren de la cama varias veces en la noche a orinar”, destaca el doctor Danon.

Ante estos síntomas, la recomendación es visitar al médico pediatra, quien de acuerdo con las tablas de peso y talla determinará si existe un exceso de ingesta calórica y si es conveniente o no remitir al paciente a una consulta con un pediatra endocrinólogo.

Por supuesto, el diagnóstico se hará después de que el paciente sea sometido a un examen en el que se verificará si la glicemia en sangre está en niveles normales o no. “Actualmente, los padres de niños pequeños están muy atentos ante cualquier síntoma de sus hijos y los llevan oportunamente al médico”, asegura el doctor Danon.

Sin embargo, algunas veces se presentan complicaciones en la población adolescente o se detecta la diabetes en un estado avanzado debido a que los padres no están tan atentos a síntomas o señales de alerta. Por eso, la recomendación es vigilar los hábitos de alimentación y actividad física, así como cualquier síntoma asociado con la diabetes, en los niños de todas las edades.

Luego de confirmarse la diabetes, el siguiente paso es establecer un tratamiento que en el caso de la 1 consiste en recibir insulina varias veces al día de acuerdo a lo que se ingiere y medir el nivel de azúcar en sangre.

“Actualmente, tenemos las bombas de insulina que facilitan el proceso y hacen un control perfecto de la insulina. Todo se hace a través de sistemas interconectados que miden el azúcar en sangre y proveen insulina, atrás quedaron los procedimientos “tortuosos” de otras décadas”, explica el doctor.

Por eso, hoy en día se considera que el manejo de la diabetes tipo 1 es mucho más sencillo que el de la de tipo 2, pues una vez los padres y cuidadores aprenden a hacerlo, el niño puede llevar una vida normal como cualquier otro.

“Un niño con este diagnóstico puede comer lo que quiera siempre y cuando se le esté ajustando la insulina a la cantidad de carbohidratos que ingiera. Si no hay sobrepeso, como sucede con la mayoría, deberá consumir carbohidratos en porciones pequeñas y no en exceso, aunque esta recomendación aplica para todo el mundo”, indica María Gomez-Borgo.

En el caso de la diabetes tipo 2, se requiere de mayor dedicación porque hay que seguir un régimen alimenticio bajo en carbohidratos y llevar a cabo una rutina de actividad física con el fin de reducir el peso corporal.

“Sobrellevar este diagnóstico supone un esfuerzo familiar importante y, desafortunadamente, en muchos casos los padres tienen dos empleos y no cuentan con el tiempo para vigilar la alimentación de sus hijos”, sostiene el doctor Danon.

 

Educación y nutrición

Debido a que recibir un diagnóstico de diabetes de cualquier tipo no es fácil para ninguna familia, el éxito del tratamiento, en muchos casos, depende del grado de educación que tengan los padres al respecto y el compromiso con la alimentación.

“El componente educativo es muy importante porque lo que funciona con un paciente puede no hacerlo con otro. Por eso, mi tarea como educadora es asegurarme de que las necesidades individuales de cada paciente estén cubiertas”, explica Mónica Grimaldi, dietista registrada y educadora certificada en diabetes del Nicklaus Children’s Hospital.

Por esta razón, conviene recibir la asesoría de un educador y un dietista registrado, quienes están preparados para enseñar a las familias aspectos importantes de la enfermedad como, por ejemplo, la forma correcta de contar calorías o cómo incluir la diabetes dentro de la rutina familiar.

“La diabetes requiere de unión familiar en el sentido de que hay más probabilidades de éxito cuando toda la familia está involucrada. El primer paso en esa dirección es establecer un horario fijo para la enfermedad utilizando herramientas como, por ejemplo, las notificaciones o alarmas del celular”, recomienda la especialista.

Maria Gomez-Borgo tiene una opinión similar con respecto a la participación familiar, pues considera que no se le puede pedir a un niño que siga una alimentación saludable cuando el resto de la familia no lo hace.

“Las claves de alimentación son para la familia entera. El problema de los latinos es que ingieren carbohidratos en exceso, tal como lo hacían en sus países de origen, pero sin realizar ningún tipo de actividad física porque se dejan llevar por el estilo de vida americano”, explica la experta.

¿Y cuáles son las claves de la alimentación? De acuerdo con Gomez-Borgo, se trata de tomar porciones pequeñas tratando de que el 90 por ciento de la alimentación sea saludable y el 10 por ciento restante, “comida para el alma”.

“Alimenta a tu familia como lo harías con un niño de 3 años, es decir, incluye frutas, verduras, proteínas y grasas en tu plato y porciones de carbohidratos del tamaño de tu puño cerrado”, indica.

Pero, además, la clave también está en eliminar algunos malos hábitos que pueden suponer un cambio favorable en el peso de los niños. “Solo eliminando cualquier bebida azucarada se pueden perder 12 libras al año”, dice.

Y no hay que seguir una dieta restrictiva o frustrante para los niños, pues de lo que se trata es de enseñarles a controlarse sin cohibir. Esto quiere decir que es válido dejarlos que se coman los dulces de Halloween o la torta de cumpleaños siempre y cuando los padres puedan supervisar y distribuir las porciones.

“Puedes pedir la torta de cumpleaños para llevar y ofrecerla en casa poco a poco sin decirles ‘eso no lo puedes comer’ o “¿cuántas veces te he dicho que tienes diabetes?’ ”, asegura.

En lugar de eso, la experta sugiere seguir un enfoque más equilibrado en el que se les enseñe a comer bien incluyendo el ejercicio como el ingrediente más efectivo para combatir la enfermedad.

 

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